
UAM: 50 años de transformar el modelo de educación superior
La UAM cumple 50 años de proponer un modelo educativo disruptivo que puso en el centro los problemas sociales, pero con retos importantes a futuro. Hazel Zamora La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) cumple 50 años de romper con el modelo de educación tradicional, con cinco unidades en la Ciudad de México, 200 mil egresados, 82 licenciaturas y 114 posgrados; ofrece un modelo innovador, horizontal y que vincula la investigación científica con las necesidades de la sociedad. El rector de la UAM, el doctor José Antonio De los Reyes Heredia, cuenta que desde su origen la universidad buscó elaborar un proyecto que respondiera a la coyuntura política y social del país: los movimientos estudiantiles del 68 y 71, así como la creciente demanda por la educación superior. “Surgimos de una idea de tener un nuevo modelo que permitiera de una manera más transparente, un modelo educativo diferente en aquella época, en el cual, las funciones de la docencia, la investigación y la difusión de la cultura, se llevaban a cabo en un mismo departamento”. En 1973, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) propuso al entonces presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, la creación de la UAM. Un año después, la universidad creció en zonas de la Ciudad de México donde no existían ofertas educativas: Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco. “La UAM nació en la periferia, eso quiere decir que sirvieron también como polos de desarrollo alrededor de los barrios que circundaban las unidades en su época y ese motor de desarrollo también tiene que ver con la pertinencia social de la formación, quiere decir que muchos de los egresados venían de la zona circundantes que no necesariamente eran las más favorecidas en la Ciudad de México”. En su Ley Orgánica, la UAM definió los rasgos que la distinguiría de la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional. En su organización desconcentró las funciones por medio de las Unidades Académicas e incorporó la figura de rector por unidad, inexistente en ese momento en el país. Además, la dirección académica descansó en cuerpos colegiados, un modelo disruptivo, de acuerdo con el exrector de la UAM, Enrique Fernández Fassnacht. “Si hablamos de gobernanza de la universidad, para mí la UAM es única. La UAM tiene la legislación más disruptiva que puede haber en este país y parece mentira cumpliendo 50 años, sigue siendo totalmente vigente. Por ejemplo, en los cuerpos colegiados de la UAM, si los profesores y alumnos se ponen de acuerdo, pues no hay manera de que las autoridades puedan imponer nada, entonces eso es lo que a mí me gusta mucho de la UAM, es una universidad moderna. Otros cambios fueron la evaluación del aprendizaje de manera no cuantitativa; la incorporación de un tronco común en las licenciaturas por divisiones; la contratación mayoritaria de profesores-investigadores para garantizar la vinculación entre la docencia y la investigación; y eliminó la tesis como forma de titulación. Esta última fue de gran polémica, refiere el doctor Enrique Fassnacht, pues aunque se ha comprobado que un porcentaje importante de estudiantes no se titula por no escribir la tesis, socialmente no fue bien recibido. “Y ese es algo que yo incluso en otras instituciones traté de promoverlo, pero no tuve mucho éxito. Me acuerdo que había quejas de egresados, sobre todo de las Ciencias Sociales, que decían “es que para darme trabajo me preguntan en qué hice mi tesis y yo les digo pues no es que en la UAM no hay tesis, ¡cómo que no hay tesis!”, pero claro, hay otras instituciones que han nacido así también como el Tec de Monterrey, por ejemplo, si hablamos de las particulares”. Pero en el ámbito de la enseñanza el “Sistema Modular” es quizá la innovación más grande en la UAM. La singularidad de este modelo educativo es la ausencia de materias, en su lugar se imparten las llamadas Unidades de Enseñanza-Aprendizaje, donde las y los estudiantes desarrollan en equipos investigaciones y propuestas ante problemas sociales. En el caso de las y los profesores, dejan el sistema de cátedra para actuar como guías y fortalecer las habilidades de investigación académica de los estudiantes. Así lo describe el rector De los Reyes Heredia: “Esto es un modelo más horizontal que permite una práctica y participación activa del alumnado. Por ejemplo, un arquitecto no se conforma nada más con construir una vivienda, sino está pensando en el hábitat de las personas que van a estar ahí viviendo, o sea, involucra la formación social y humanística de nuestros arquitectos o nuestros diseñadores, y es lo que nos fue diferenciando”. Bajo está visión, la UAM incorporó las primeras ingenierías del país en energía, hidrológica y ambiental, con el fin de abordar desafíos como el desabastecimiento del agua y la contaminación que ya se presentaban en la Ciudad de México. Estas propuestas y el entusiasmo de una nueva universidad también captó el interés de quienes buscaban un trabajo en la docencia e investigación, pues la UAM les permitió continuar su formación en los posgrados que ofrecía. Es el caso de la doctora María Concepción Gutiérrez Ruiz, profesora desde hace 48 años en la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Unidad Iztapalapa. “Era como una experiencia nueva y yo, siendo muy joven, me encantaba todo lo que estaba viendo, trataban de impulsar la educación, cultura. Era muy integral todas las actividades de la universidad. Muchos de los que éramos profesores, que éramos muy jóvenes, empezamos a hacer la maestría, entonces yo fui la primera egresada de la maestría en Biología Experimental, me siento muy orgullosa de haber estado en esa etapa de crecimiento. Al paso de los años, se fue fortaleciendo los posgrados, tomando una gran prestigio en el país, los estudiantes se volvieron masivos. A 50 años de su creación, la UAM mantiene su espíritu por incidir en los problemas regionales, nacionales y locales por medio de la investigación científica. Una muestra es el trabajo que encabeza la doctora Fabiola Sosa Rodríguez en el rescate de la laguna La Piedad, ubicada en Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Este cuerpo de agua se convirtió en un vaso regulador de residuos al ser absorbido por el crecimiento de la mancha urbana, por ello, la investigadora y su equipo trabajan en su restauración ecológica y el fortalecimiento de su comunidad. “Empezamos hace seis años con







